A veces es difícil empezar algo y más cuando es con una persona con la que nunca te planteaste tener nada con ella. Las cosas son así, un día tienes un amigo y al siguiente estás deseando que se calle, que deje de mirarte con ese brillo en sus ojos y que te bese; que te bese como hasta ahora sólo una persona lo había hecho.
Y es entonces cuando empiezas con él, que todas las broncas, las discusiones estúpidas, la diferencia de ideales, los puntos de vista, los polos opuestos... No tienen sentido si esa persona te ha sacado de un pozo de sumisión, de miseria. Si te hizo sentir mejor persona cuando pensabas que eras un monstruo, si te hizo reír y evadirte de la realidad cuando más lo necesitabas. Si te demuestra día a día que eres una persona especial, que eres una mujer guapa, divertida.
Que te valora como nadie, quizá, lo había hecho antes.
Que sabiendo toda la verdad, no te juzga.
De pronto, toda tu vida sin querer comienza girar en torno a él. Te despiertas por las mañanas y deseas ponerte guapa para él. No ves el momento en el que llega a clase y por fin lo ves. Y sonríes. Te encanta acompañarlo a casa, cuando curiosamente debiera ser al revés, sólo por disfrutar de su compañía unos minutos más. Escribirle notitas, compartir una mirada, salir juntos de fiesta y saber con toda seguridad que esos labios sólo serán para ti, si lo deseas.
Los paseos a ninguna parte, las películas con escenas reescritas por vosotros, las horas y horas "muertas", que en el fondo son las más vivas que la propia realidad, en la habitación; contemplando el cielo estrellado que se oculta en su espalda.
No puedes negarlo.
Esa sonrisa, esos ojos, ese alma que se ve, tímida, a través de ellos. El color de su pelo, la forma en la que se coge las manos cuando habla o pasea, cómo muerde sus dedos porque está nervioso, su risa tan característica, su peculiar forma de hablar. La música que le hace sentir bien, las películas que desea ver, los idiomas que habla, su ídolo, las ganas de empezar y el miedo a fracasar, también. Su deseo, sus sueños, su agradecer, su forma de andar, su ropa, su olor, el aliento en tu cuello, las caricias, los besos, su preocupación, su manera de pensar.
Él.
Y por qué negarlo, lo gritarías, escribirías su nombre allá donde fueras, compartirías tu pasado, presente y futuro.
Sólo un "gracias" te atreves a balbucear mientras te tiras del pelo.
Sólo un "te quiero" le basta. Y le sobra.
¿Que por qué te quiero? Me faltan horas, páginas y muchos días para poder explicártelo.
domingo, 20 de junio de 2010
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